Cómo saber si una idea es buena… o si solo me gusta a mí
A veces hay que dejar reposar la idea. Otras, defenderla hasta el final.
Cuando estás desarrollando un proyecto personal —como un corto de animación, por ejemplo—, las ideas aparecen con fuerza.
Te atrapan. Te obsesionan. Te emocionan.
Y eso está muy bien… hasta que empiezas a preguntarte:
¿Esto que me encanta tiene realmente potencial?¿Es una buena idea o solo me tiene enamorada?
Yo también he pasado por ahí. De hecho, Pigmalión empezó como una idea que me encantaba... pero que tuve que poner a prueba para saber si merecía convertirse en historia.
Y de ese proceso salieron algunas preguntas que hoy me ayudan a distinguir entusiasmo de convicción.
¿Qué significa que una idea sea “buena”?
No significa que guste a todo el mundo.
Ni que se entienda al instante.
Ni que sea original en el sentido más superficial.
Una buena idea es una que te sostiene en el tiempo.
Que no se desinfla con las primeras preguntas.
Que tiene dentro una pregunta, un conflicto o una emoción que da para más.
Preguntas que me hago antes de seguir con una idea
-
¿Me sigue gustando al cabo de unos días/semanas?Las buenas ideas sobreviven al entusiasmo inicial.
-
¿Puedo contarla en dos frases y que tenga tensión o promesa?Si no tiene “gancho” emocional o dramático, tal vez aún no está lista.
-
¿Hay algo en esa idea que me incomoda o me desafía?Si solo me reafirma, puede que no haya conflicto real.
-
¿Puedo desarrollarla sin tener que justificarla todo el rato?Si tengo que explicarla más de lo que se entiende sola, algo falla.
-
¿Sigo conectando con ella después de recibir feedback?Si después de una crítica constructiva sigo creyendo en el núcleo… ahí hay algo.
El riesgo del “me gusta porque es mía”
Hay ideas que nos atrapan porque están ligadas a un momento personal, una imagen potente o una experiencia vivida.
Pero eso no siempre basta para convertirla en historia.
Lo personal necesita transformarse en algo narrativo, compartible, con conflicto y dirección.
Y eso solo pasa si te das el espacio de mirarla con perspectiva.
Lo contrario también pasa: ideas que crecen cuando las desarrollas
A veces una idea no parece tan brillante al principio.
Pero tiene algo. Una semilla. Una contradicción.
Con trabajo, decisiones y estructura, se convierte en algo mucho más potente de lo que parecía.
Pigmalión no nació como un corto cerrado.
Fue un impulso, una imagen, una sensación.
La historia se construyó cuando empecé a hacerle preguntas difíciles.
¿Y tú?
¿Tienes ideas que te encantan pero aún no sabes si son “buenas”?
¿Has dejado alguna descansar… y luego volvió con más fuerza?
¿O has insistido en una idea que al final no tenía tanto recorrido?
Te leo!
Comentarios
Publicar un comentario